Marketing de pobres, vuelve la técnica de puerta fría

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Marketing de pobres, vuelve la técnica de puerta fría

Sí. Cuando la técnica de puerta fría parecía estar desapareciendo, al menos en la mayoría de sectores, irrumpen con fuerza grupos organizados de personas de apariencia pobre y se disponen a utilizarla de nuevo.
Estoy seguro de que hay muchas personas que realmente necesitan pedir y no tienen otro medio de subsistencia, pero también estoy seguro (lo he visto con mis propios ojos) que hay muchos que se integran en organizaciones que los dirigen para que hagan de la limosna un negocio (aunque evidentemente, los jefes ganan mucho más que ellos).
Son los nuevos pobres, inundan algunas paradas de semáforos, puertas de iglesias y calles de mucho paso, para solicitar que les eches una moneda en sus vasos de plástico.
¿Cómo te piden normalmente esa ayuda?
Se acercan a prisa, obstaculizando el paso.
Interrumpen cualquier conversación.
Te hablan rápidamente y en idiomas muchas veces desconocidos.
Levantan bastante el tono de voz y te siguen hablando aunque hayas dicho que no deseas colaborar.
Llevan ropas “perfectamente” rotas y sucias.
Muchos se proponen dar pena, ayudados por una muleta o caminando lentamente.
¿Consiguen su objetivo? Imagino que sí. Si no, ¿por qué seguirían haciendo lo que hacen? Vuelvo a repetir. Muchos, puede que lo hagan por necesidad. Pero, muchos otros, sabemos que no, que lo hacen como parte de un negocio, un buen negocio.
En mi opinión, es más un tema de estadística. Si estás tantas horas al día haciendo lo mismo, habrá muchas personas que acabarán depositando la moneda en el vasito. Muchos lo harán por pena, otros muchos por cansancio.
Es algo muy parecido a la puerta fría que se hacía antes a nivel comercial: invadir al “cliente” cuando no lo ha pedido, sin cita previa. Sorprenderle y, sin pedir permiso, hacer directamente tu oferta en frío.
Aprendiendo de lo negativo del marketing de los pobres, extraigo algunas recomendaciones de lo que sí se debe hacer:
Toca la emoción pero intenta que sea una emoción positiva y no de dolor o pena
No interrumpas conversaciones. Espera a que el cliente te deje interrumpirle. Pide permiso.
Sé elegante. Es un primer detalle que marca el resto de la relación.
Planifica. Las prisas son malas consejeras y no ayudan en la tarea comercial.
Viste correctamente según el sector del que se trate. Una buena primera impresión vale, vale mucho.
Articula bien tu discurso. Prepara la presentación. Practica antes de dirigirte a tu cliente.

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